”El doctor Verne, que dirige una casa de reposo en París, era espiritista. Descuidaba la numerosa clientela en manos de los especialistas de primer orden agregados al establecimiento.
Verne, de quien se sospechaba que bebía, se encerraba una parte del día en su despacho, antigua conserjería que daba al patio, y, desde allí, hipnotizaba al personal:
-“Cojee” -ordenaba a uno-.
- “Tosa” -ordenaba al otro-.
Nada le divertía más que esos ridículos fenómenos. Astutamente había adormecido a casi toda la casa, y los pacientes, desde entonces bajo su influencia, se convertían en sus víctimas.
COCTEAU, Jean (1923), Thomas, el impostor